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A ti que hoy vienes
a despedirme,
no llores más.
El hoy es un hasta luego,
y pronto nos volveremos
a encontrar.
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Hoy ya no estoy físicamente con ustedes, cuando me extrañen quiero que me busquen en todas aquellas cosas que no habrían existido sin que ustedes y yo nos hubiéramos conocido.
A mis hijas quiero decirles que las amé mucho y me sentí muy orgulloso por todo lo que me hicieron vivir, por sus triunfos, sus alegrías. Por todo eso, gracias.
A mis nietos, que tanto los disfruté y que con cada uno de ellos me identifique de alguna manera, que Dios me los bendiga siempre.
A mis hermanos, con los que compartí mi niñez junto a mi madre, gracias por su compañía.
A mi esposa a quién tanto amé y con la cuál me sentí plenamente identificado, ¡Gracias amor, simplemente gracias!
A mis amigos, con los que me divertí, con los que compartí mis trabajos, con los que lloré cuándo algo nos pasaba, con los que descargue mis problemas, mis preocupaciones y quienes me aconsejaron cuando dudé en algún momento. Gracias por estar!
A ti Dios, gracias por todas tus bendiciones. Gracias por darme a esta familia, a mis amigos y a la persona que hizo de estos años de mi vida los más felices, a Panchita, a ella bendícela y dale la paz que necesita en este momento, que se alegre por todo lo que nos hemos amado y que al recordarme emane una sonrisa por esos recuerdos tan maravillosos que compartimos.
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